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In English: Early Care
and Education --
Promoting Positive
Behavior: “He
became wild”

Este artículo fue publicado originalmente en el número de Enero-Febrero 2008 del periódico Defensor de los Niños, publicado por Action Alliance for Children.

Educación y Atención Temprana --
Promoviendo Un Comportamiento Positivo

“Se puso como una fiera”

Ayudar a los niños a controlar un comportamiento agresivo requiere paciencia y trabajo en equipo

Por Cecelia Leong

Traducción al castellano: Lucrecia Miranda

Cada vez que “Luis”, de cuatro años, no conseguía lo que quería, montaba una rabieta y mordía o pegaba. Cuando la terapeuta de Servicios Familiares de Foothill en Pasadena Laura Ríos lo conoció, Luis corría el riesgo de ser expulsado del preescolar.

La asesora de salud mental para centros de cuidado infantil Dra. Grace Manning-Orenstein, miembro de The Link to Children (“La conexión con los niños”) en el condado de Alameda, ayuda a prevenir tales expulsiones. Con todo, reconoce que “apenas uno o dos niños agresivos pueden agotar a un maestro, (e) interferir con su capacidad de responder a los otros niños”.

A continuación, las historias de dos niños muestran algunas de las estrategias para superar el comportamiento agresivo.

Luis: “Muchísima ayuda”

Confrontada con los arrebatos de Luis, dice Elsa (una maestra que no quiere que se utilice su apellido), “me sentía un poquito inadecuada; era frustrante verlo sufrir y no ser capaz de ayudar”. Cuando sus esfuerzos para trabajar con Luis fracasaron, Elsa y los demás maestros en el preescolar del distrito escolar de El Monte requirieron la ayuda de sus supervisores y la de Ríos.

Construyendo una relación positiva

Los niños como Luis “necesitan muchísima ayuda de los maestros”, dice Ríos. “Lamentablemente, muchos maestros, cuando se enfrentan con un niño que los insulta o les escupe se alejan”. En primer lugar, Ríos pidió a las maestras que trabajaran en construir una relación positiva con Luis, y mostrar interés en lo que hace: ¿”Qué estás construyendo? ¿Un castillo? ¡Pareces estar muy orgulloso de tu castillo!”

Trabajar en equipo

Los arrebatos de Luis desgastaban a las maestras, dice Elsa, pero “cuando nos sentíamos frustradas no queríamos que Luis se diera cuenta”. Así, con la ayuda de su supervisora, las maestras idearon un plan. Cuando alguna de ellas necesitaba un descanso, dice Elsa, “le pasábamos un dinosaurio de juguete a otra (maestra)”, quien entonces pasaba a ocuparse de Luis. Cuando Luis tenía una rabieta lo separaban de los otros niños y una de las maestras se quedaba con Luis.

Validar lo que sienten

Ríos alentó a las maestras a validar lo que sentía Luis: “Amigo mío, puedo ver que estás enojado”. (Las maestras) crearon áreas especiales para ayudar a los niños a manejar sus emociones. Una tienda improvisada con cojines y mantas proporciona un área especial para calmarse. Los niños pueden aporrear y aplastar la pasta de moldear y jugar con el Gack en la “mesa de enojos”.

Concentrarse en lo positivo

Meses más tarde el comportamiento de Luis mejoró. “Llevó tiempo”, dice Elsa, “pero todos ‘hablábamos el mismo idioma’: Ser consecuentes, dar elogios, concentrarse en los aspectos positivos [y dar] muchos pasitos de bebé”.

John: Conectando con los padres

Hace dos años, Teri Stewart estaba enseñando en una clase de educación especial en San José. En noviembre llegó “John”. En sólo dos meses en el jardín de infancia el niño ya había interrumpido clases y había mordido y pateado a su maestra y a otros miembros del personal.

Como una fiera

Al principio Stewart pidió al papá de John que fuera a la escuela con él. La primera semana su papá estaba allí las tres horas y John era “tan bueno como el oro”. A la tercera semana, cuando su padre se marchó después de una hora, John lanzó un lápiz a la maestra ayudante. Stewart se acercó y se puso en cuclillas para hablar con él. John la pateó. Stewart trató de persuadirlo para apartarlo del resto de los niños pero él “se puso como una fiera”: La golpeó, la pateó otra vez y corrió. Cuando llamaron a la directora, John la escupió y le rasgó la camisa, pues la directora y la enfermera le sacaron del aula.

Pedir ayuda a los padres

Stewart no quería que John fuera expulsado, por lo que pidió una reunión con sus padres. Cuando fueron a la escuela, Stewart se enteró de que habían pasado por un divorcio. John pasaba la semana con su papá y los fines de semana con su mamá.

Después de preguntar a cada padre sobre sus respectivas rutinas familiares, Stewart pensó que había encontrado la clave: La madre de John, como muchos padres, enviaba al niño a su cuarto cuando se portaba mal, pero ocurría que algunas veces su penitencia duraban varias horas. ¡“Ajá!”, pensó Stewart; como John necesitaba sentir seguridad y conexión extra, él respondía a los “tiempo fuera” largos “explotando como dinamita”.

Ser consecuentes

La madre de John se alegró de intentar algo diferente: Los tres adultos acordaron usar el mismo enfoque para que John tuviese una experiencia consecuente. Stewart sugirió usar recompensas—con elogios y estímulo— para premiar el comportamiento positivo. Los padres sugirieron usar unos juguetitos que se enganchan en los llaveros como recompensa: ¡A John le encantaban! Los maestros también usaron un libro de pegatinas.

Hacia el final del año escolar, cuenta Stewart, John se acurrucaba en su regazo y le daba abrazos. ¡Ahora lo recuerda afectuosamente como a “un niño súper!”

 

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“Averigüe qué hay detrás del comportamiento”

Los niños actúan agresivamente por muchos motivos, dice la Dra. Grace Manning-Orenstein, asesora de salud mental en programas de cuidado de niños. Tanto las niñas como los niños pueden ser agresivos, pero es más común en estos últimos. A fin de responder con eficacia, dice Jeanie Harmon, de Santa Rosa Junior College, es importante llevar a cabo una observación cuidadosa “y averiguar qué hay detrás del comportamiento”. Algunas de las causas más comunes incluyen:

  • Etapa de desarrollo del niño, cuando éstos no han aprendido aún a usar palabras para expresar “no me gusta esto” o “quiero ese juguete”
  • Un temperamento muy activo, intenso, o que reacciona muy rápidamente; a veces, simplemente un exceso de energía
  • Desconocimiento de modos apropiados para comunicarse
  • Estados físicos como alergias, dolores de oídos o falta de sueño
  • Expectativas inadecuadas, como obligar a los pequeños a quedarse quietos durante largos tiempos
  • Padres estresados o un hogar caótico
  • Cambios importantes en la familia tales como un divorcio o un nuevo bebé
  • Vecindarios violentos
  • Problemas del desarrollo como ADHD (déficit de la atención e hiperactividad) o síndrome de Asperger

 

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Cómo calmar la agresividad

Los maestros de estas dos historias usaron diversas
estrategias:

  • Trabajar con un asesor en salud mental
  • Trabajar en equipo con otros miembros del personal
  • Trabajar en equipo con los padres
  • Identificar la necesidad detrás de la agresión
  • Validar lo que sienten (los niños) y proveer un canal
    para expresar su enojo y sus emociones negativas
  • Prestar “atención positiva”
  • Recompensar el buen comportamiento

 

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Para aprender más

  • Si procura consultas sobre salud mental para programas de infancia temprana en su área, contáctese con el departamento de salud mental de su condado o con la agencia Los Primeros Cinco.

 

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Agradecemos a United Way del Área de la Bahía y a la Fundación David B. Gold por su apoyo a esta serie.
www.uwba.org
www.goldfoundation.org

 

http://www.uwba.org/

 

 

 
“Se puso como
una fiera”
“Averigüe qué
hay detrás del
comportamiento”
Cómo calmar
la agresividad
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